miércoles, 22 de agosto de 2012

La Fuente. Marcel Duchamp



Situación del arte en el  malestar posmoderno


“Si la historia del arte pudiera ser
 representada gráficamente,
 por ejemplo en la tabla
que usan las enfermeras para anotar
la curva de la fiebre de sus pacientes,
 las líneas formarían las
mismas montañas y valles
 ascendentes y descendentes
y demostrarían que en el arte
no hay un desarrollo sólo ascendente
sino que también conoce los descensos,
 que pueden producirse
en cualquier momento.
Y lo mismo ocurre con el trabajo del artista.”
Pablo Picasso

El comienzo del siglo XX se caracteriza por la subversión de las certezas que fueron pilares de la Modernidad.
·        En el campo del arte la ruptura con la figuración tiene su máximo exponente en Picasso y el cubismo. 
·        Freud y el inconciente respecto al sujeto cartesiano.
Planteo esto porque son los comienzos, a mi entender, de  lo que anunciaba Hegel en la Estética como el Fin del Arte.
 Con la ideología posmoderna y su pensamiento débil se va a generar una peculiar situación en el arte de fin del siglo XX que se caracteriza por la ausencia de estilo, sobretodo en lo que podemos denominar autoreferencialidad de la obra donde el objeto remite a sí mismo. Cito a Bernard Venet en referencia al arte conceptual: “este trabajo insiste en la particularidad de no utilizar lo material para crear las formas: es la forma misma. Ésta es la razón por la cual digo con frecuencia que mis obras son autoreferenciales”.
      Vivimos una época en la que pareciera que todo puede ser  llamado arte. O sea que nada es arte. Tomemos por caso el Body Exhibition o lo que El espejo no muestra, y que ha convocado a cientos de miles de espectadores en Europa, Japón, Estados Unidos y hasta hace poco lo pudimos ver en el Abasto porteño. Si tomo este ejemplo es porque es el más significativo respecto a la influencia de la dominante en el malestar actual en el arte, y a la  vez confirmaría la hipótesis de Badiou respecto a la “pasión por lo real” que marca al siglo. Sabemos desde Freud que los artistas, a pesar de su capacidad sublimatoria, no están exentos del malestar, a lo que podemos agregar  que el arte tampoco lo está.
           Para justificar mi posición los invito a realizar un recorrido para establecer de qué malestar hablo cuando me refiero al malestar en la cultura.
          Comienzo entonces por definir el psicoanálisis como:“una praxis terapéutica, que surge como una respuesta racional y por lo tanto comunicable al malestar en la cultura que se manifiesta como un exceso de malestar en el sujeto”.
          Malestar que es estructural, es decir que no hay posibilidad de erradicarlo.
        La cultura a la que me refiero la tipifico como cultura cientifica. Pasemos ahora a desarrollar y justificar esta proposición.




La civilización científica y el sujeto de la ciencia.
    
Aquí me voy a referir a ese capítulo tan importante del psicoanálisis que es el Malestar en la cultura. Se hace preci­so entonces justificar el título, qué es la civilización científica.      
    Es la cultura que "nace" después del gesto cartesiano que funda la Modernidad.
    En este gesto se condensan los gestos de Galileo, Bruno y Kepler entre otros.       Modernidad que va a poder ser subsumida en un significante: La Ciencia. Es decir que va a haber otras características, sin duda alguna, que se le puedan asignar a esta Modernidad pero que todas ellas van a ser subsumidas bajo el significante Ciencia. Esto quiere decir que los sujetos de esta cultura van a ser sujetos, efectos, de este nuevo ordenamiento significan­te.
          En la Edad Media el ordenamiento se producía alrededor del significante Temor a Dios.
        En la Modernidad será reemplazado por La Ciencia. Punto de mira, lugar alrededor del cual se organizarán las experiencias humanas. "Si el yo del hombre moderno ha tomado su forma, en el callejón sin salida dialéc­tico del "alma bella" que no reconoce la razón misma de su ser en el desorden que denuncia en el mundo, una salida se le ofrece al sujeto para la resolución de este callejón donde delira su discurso. La comunicación puede establecerse para él válidamente en la obra común de la ciencia y en los empleos que ella gobierna en la civilización universal; esta comunica­ción será efectiva en el interior de la enorme objetivación constituida por esa ciencia, y le permitirá olvidar su subje­ti­vidad;... le dará ocasión de olvidar su existencia y su muer­te, al mismo tiempo quele dará oportunidad de desconocer en una falsa comuni­ca­ción el sentido particular de su vida." Esta es la alienación más profunda del sujeto de la civilización científica. Esta es una forma de locura que la sociedad (función del socius) científica genera. Produce una sutura en la división misma de este sujeto ($) al ofrecer ideales en los que se identifica sin mediación, donde el psicoanálisis no esta exento, cuando por vía del algún psicoanalista habla en nombre de la ciencia para tipificar ciertas conductas y explicarlas a través de algún medio masivo. También  escuchamos su efecto cuando alguien en la consulta nos dice: soy fóbico o seguramente habrá habido alguna motivación inconciente en lo que hice, ¿no Dr.?      Si bien el psicoanálisis no está exento, hoy, de favorecer esta alienación, también podemos decir que él nació como una respuesta, como un retorno desde lo social, al males­tar característico de la modernidad. En este sentido el psico­análisis es una respuesta al malestar de la civilización científica, y por eso mismo es que no podría haber nacido si no hubiese tenido a la ciencia como su condición. De la misma manera podríamos decir que el marxismo es la res­puesta al capitalismo, y que éste fue su condición. Pero el marxismo tampoco escapa al significante ciencia o acaso ¿no es El Capital la obra científica de Marx?. El paradigma de la neurosis obsesiva, el caso que fue elevado a nivel de paradig­ma, El hombre de las ratas  llega al psicoanálisis a través de la lectura de La psicopatología de la vida cotidiana, sujeto de la ciencia, este abogado llega a Freud por haber leído un texto que fue por él elevado al rango de científico. A la vez, es mi conjetura, respondió a la maniobra de Freud que, en plena etapa de transmisión y de difusión de su ciencia, intenta con esta publicación hacer entrar el psicoanálisis en la sociedad. Por consiguiente, digo, que hay un sujeto de la ciencia, que es antinómico a la ciencia, pero que es efecto de ella y de ese sujeto es del que se ocupa el psicoanálisis y que ese sujeto es el que padece el malestar que Freud tan bien analizó en los comienzos de la década de 30. Malestar que hoy podríamos llamar horror, y esto porque entre ese texto de Freud y la actualidad han pasado, obviamente muchas cosas, pero hay una que considero clave: Auschwitz, tanto como decir que entre Hegel y Freud, la clave fue la máquina a vapor. Poco antes de morir, frente a la barbarie nazi Freud dijo: "hoy queman mis libros, en la Edad Media me hubieran quemado a mi". Ocurre que el creador del psicoanálisis creía, sí, creía en la razón, en la ciencia y en su progreso y que ese mismo progreso podía evitar la barbarie, si bien su escepticismo le impedía tener fe, como lo muestra en las últimas líneas de  Males­tar..., pero no podía dejar de creer, o acaso él no era también un sujeto de la ciencia. Ocurre que contra­riamente a lo que pensa­ba la “ sutura positivista o cientifi­cista, que esperó que la ciencia configurara por ella misma el sistema acabado de las verdades del tiempo” , Auschwitz nos muestra cómo la ciencia unida al fanatismo fundamentalista, de la segunda figura hegeliana, no puede evitar la barbarie. Después del nazismo es mucho lo que todavía queda por pensar, a expensas de todo lo que se dijo.         

Con este recorrido intento mostrar  cómo la dominante del malestar actual, la ciencia, se hace presente en todos los campos incluyendo el arte, en particular lo que se denomina arte conceptual.  Si Duchamp puede ser considerado el precursor de éste no habría que olvidar lo que dice Octavio Paz  al respecto: “su gesto no es tanto una operación artística como un juego  filosófico”. Podría decirse que Duchamp es el  primer artista sin arte, en el sentido de que el producto no es una obra sino el gesto convertido en obra. Para ser más claro “La  fuente” no es  la obra sino que el gesto de profanación de poner un mingitorio en el lugar de la obra pasa a ocupar el lugar de ésta.
 La obra de arte narra una historia independientemente de la filosofía de su autor, sin embargo lo que ocurre con el arte conceptual y con el abstraccionismo en particular (pienso en Rotkho)  es que borra la historia, la narración, quienes hablan y arman la historia son los curadores, los críticos y los catálogos y esto  se enlaza con lo que ocurre con la ciencia que olvida su historia, (olvida los dramas subjetivos de aquellos que contribuyeron a fundarla) es más no necesita de ella, al igual que la ideología posmoderna.  La ideología posmoderna al negar la historia y apostar al no sentido o al sinsentido no hace otra cosa que fundar un nihilismo estetizante  y absolutamente paralizante, me arriesgo a decir que esta es una nueva modalidad que adopta la pulsión de muerte en la época del individualismo posmoderno






Bibliografía:

Lacan, Jacques, Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanaálisis. Escritos I, Siglo XXI editores, México 1978.

Lacan, Jacques, La ciencia y la verdad. Escritos I, Siglo XXI editores, México 1978.

Paz, Octavio, Marcel Duchamp o el castillo de la pureza.Ediciones Era, S.A., México, 1968

Hess, Walter, Documentos para la comprensión del arte moderno. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1994.

Boyé, Claudio R.,  El malesta en la civilización científica. Reflexiones sobre el individualismo posmoderno. Revista Oxímoron Nº 2, año 1997.













































martes, 14 de agosto de 2012

El malestar en la cultura



El asesinato de la metáfora

            “El malestar en la cultura no es en la obra de Freud algo así como apuntes. No es del orden de lo que se le permite a un practicante o a un sabio, no sin cierta indulgencia, a guisa de excursión en el dominio de la reflexión filosófica, sin darle quizá todo el peso técnico que se le reconocería a una tal reflexión cuando proviene de alguien que se calificaría a sí mismo como formando parte de la clase de filosofía. Este punto de vista, demasiado difundido entre los psicoanalistas, debe ser absolutamente descartado. El malestar en la cultura es una obra esencial, primera, en la comprensión del pensamiento freudiano y en la intimación de su experiencia. Debemos darle toda su importancia. Ella aclara, acentúa, disipa ambigüedades en puntos cabalmente diferenciados de la experiencia analítica, y de cuál debe ser nuestra posición respecto al hombre, en la medida en que en nuestra experiencia más cotidiana tenemos que vérnosla desde siempre con el hombre, con una demanda humana.”[1]

            La práctica psicoanalítica nos enseña una cosa: el padre está castrado desde el origen, por lo tanto no hay garante de la verdad. Esto se escribe S (A), significante de una falta en el Otro.En consecuencia no hay ningún ideal que el discurso psicoanalítico pueda reivindicar.
            El psicoanálisis es una praxis terapeútica, es un discurso sin palabras, es una ética absolutamente independiente de cualquier punto de vista moral. Es una ética del “puro deseo”, entendiendo puro en el sentido de independiente respecto a cualquier contenido. El analista se funda en una práctica, la de la cura, al margen de esta no puede enunciar ninguna verdad ética, o lo verdadero de una ética, pues para hacerlo debería ceñirse a enunciados propios de otros discursos: el de Amo, el de la Histérica, el de la Universidad o el Capitalista. Caerá en un discurso u otro de acuerdo al lugar donde quiera ubicar la verdad.
            El discurso del Analista no hace otra cosa más que cerrar a los primeros tres, no los resuelve así como tampoco es su metadiscurso.
            Respecto del analista no se espera que sepa, sino que trabaje, que haga funcionar su saber en términos de verdad, lo que se escribe  a  . Con la sola enunciación de la regla de la asociación libre instituye al analizante como
                                      S2
Sujeto supuesto Saber.
             El  psicoanálisis no propone ningún Bien. A diferencia de otros discursos como el político, el religioso o el científico el psicoanálisis no propone ni la Felicidad, ni la resolución de todas las necesidades, “se diría que el propósito de que el hombre sea dichoso no está contenido en el plan de la Creación. Lo que en sentido estricto se llama felicidad corresponde a la satisfacción más bien repentina de necesidades retenidas, con alto grado de estasis, y por su propia naturaleza sólo es posible como un fenómeno episódico”.[2]
            En lo que respecta al discurso político Freud es muy claro cuando critica a los bolcheviques: “Las obras de Marx han reemplazado a la Biblia y al Corán como fuentes de una Revelación, aunque no pueden estar más exentas de contradicciones y oscuridades que aquellos viejos libros sagrados. Igual que la religión, también el bolchevismo debe resarcir a sus fieles por las penas y privaciones de la vida presente mediante la promesa de un más allá mejor en que ya no habría ninguna necesidad insatisfecha[3]”.
            En su crítica Freud ya había enunciado que no estaba de acuerdo con Marx respecto a la interpretación que éste hace del desarrollo social. Freud opone a la concepción marxista la suya. Según Freud la formación de clases se originan en la sociedad como consecuencia de las luchas sobrevenidas desde el comienzo de la historia entre las hordas humanas separadas por pequeñas diferencias. Plantea que las diferencias sociales en su origen fueron diferencias de linaje o de raza. Concluye que en la convivencia dentro del mismo territorio, “los vencedores se convertían en amos, y los vencidos en esclavos”, por lo tanto la primera ética que gobernó a los hombres fue la de las relaciones de fuerza y las necesidades prácticas. Yendo más atrás en la historia mítica propuesta por Freud, él plantea que un padre gozador y poseedor de todas las mujeres impedía a sus hijos satisfacer su goce sexual, justamente este impedimento fue lo que creó el vínculo entre el padre y sus hijos y entre ellos mismos. Luego estos hermanos deciden matar al padre y comerlo en el banquete totémico. El violento padre primordial era por cierto el arquetipo envidiado y temido de cada uno de los miembros de la banda de hermanos. En el acto de la devoración, consumaban la identificación con él, cada uno se apropiaba de una parte de su fuerza. El banquete totémico, acaso la primera fiesta dela humanidad, sería la repetición y celebración recordatoria de aquella hazaña memorable y criminal con la cual tuvieron comienzos tantas cosas: las organizaciones sociales, las limitaciones éticas y la religión. Tras el asesinato el padre muerto se volvió aún más fuerte de lo que era en vida. Lo que antes él había impedido con su existencia, ellos mismos se lo prohibieron como consecuencia de la obediencia de efecto retardado”(nachträglich). El padre muerto se había convertido en tótem. La lucha fraticida por la posesión de las mujeres se detuvo por la prohibición del incesto, el mandato “no matarás”, se impuso así como la prohibición de matar al hermano. Por lo tanto el lazo social descansa sobre un crimen primordial, desconocido por él mismo, y la lucha fraticida da paso a la creación del prójimo, como “amor al prójimo” fantasma con el cual el hombre se protege. Prójimo que es lo más allegado a sí mismo, y también lo más temido. El malestar tendría su raíz aquí entre ese goce en estado primario y lo que la civilización ofrece en sus formas más sublimes. Esto le permite decir a Freud que: “La pulsión reprimida nunca cesa de aspirar a su satisfacción plena, que consistiría en la repetición de una vivencia primaria de satisfacción; todas las formaciones sustitutivas y reactivas, y todas las sublimaciones, son insuficientes para cancelar su tensión acuciante, y la diferencia entre el placer de satisfacción hallado y el pretendido engendra el factor pulsionante, que no admite aferrarse  a ninguna de las situaciones establecidas, sino que,en las palabras del poeta, "acicatea,indomeñado, siempre hacia delante”. El camino hacia atrás, hacia la satisfacción plena, en general es obstruido por las resistencias en virtud de las cuales las represiones se mantienen en pie; y entonces no queda más que avanzar por la otra dirección del desarrollo, todavía expedita, en verdad sin perspectivas de clausurar la marcha ni de alcanzar la meta.[4]
            En el seminario de La transferencia, Lacan plantea que: “La angustia es el último modo, modo radical con el cual el sujeto sigue sosteniendo, aunque sea de una manera insostenible la relación al deseo”.  Entonces la pregunta que cabe hacer es qué proponen la religión, la política y la ciencia cuando dicen que llegará el momento en que no habrá más necesidades insatisfechas? La respuesta es que la resolución de la angustia implica la anulación del deseo. Siguiendo esta tendencia la Ciencia sería el exponente máximo de la negación del deseo y de la abolición misma del sujeto. Lacan ya lo había deducido después del nazismo, cuando en su Proposición del 9 de octubre de 1967 dijo: “El campo de concentración representa la reacción de precursores con respecto a lo que va a desarrollarse como consecuencia de la transformación de los agrupamientos sociales por la ciencia, y principalmente, de la universalización que introduce en ellos. Nuestro porvenir de Mercados comunes encontrará su contrapartida en una extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”. 
            Asesinato de la metáfora fue la operación que se instauró con el nazismo. Para lograr el exterminio de los judíos necesitaron literalizar los significantes “parásito”y “basura”, entre otros.
Hoy la ciencia, vía la cirugía se constituye en el Otro del transexual. Cuando literaliza su metáfora, en el cuerpo del sujeto, “del error cometido por la naturaleza”. Metáfora que le permite sostenerse en la vida . Es sabido cuántos de esos transexuales se suicidan cuando se obtiene la justa resolución de su identidad sexual.
            Hay otras formas de matar la metáforas. Una de ellas tiene que ver con la homogeneización de los modos de vida, que son modos de goce, lo que antes se llamaban las costumbres. Una homogeneización de hecho que fue impuesta no por los ideales, no por el Uno paterno, al que se llora, sino por el Mercado. Esta homogeneización  se esfuerza por reducir las disparidades de los modos de goce mediante una estandarización de los mismos.
Desde Hiroshima hasta hoy, la ciencia siguió avanzando, a tal punto que la palabra tecnología es hoy un lugar común. Pero no sólo la ciencia, el capitalismo también. Con ese fenómeno que hoy llaman globalización. Aldea Global con autopistas informá­ticas.
Para algunos se acabo la historia, que es lo mismo que decir que ha triun­fado el capitalismo.
El posmoder­nismo dice que el capitalismo autori­tario cedió el paso a un capitalismo más hedonista y más permisivo, y de esta manera se genera un individualismo posmoderno, caracterizado por un narcisismo que designa el surgimiento de un perfil inédito del individuo en sus relaciones con el mismo, y su cuerpo, con los demás, el mundo y el tiempo, vivir el presente, sólo el pre­sente, el narci­sismo, nueva tecnología de control flexible y autogestionado, sociali­za desocializando; el narcisismo repre­senta esa liberación de la influencia del Otro, una forma del rechazo de lo inconciente. No hay mejor ejemplo de la locura que esta descripción.
Retomando el triunfo del capitalismo, su reinado, me arriesgo a conjeturar que estamos viviendo el reinado del Uno unifi­cante. Reinado que atraviesa a todos los sujetos y que lo podemos observar en el ideal del éxito, sinónimo de cantidad de facturaciones anuales, que se inscribe como signi­ficante fálico en el imaginario social.
También el ideal del autori­zarse a sí mismo que ofrece el psicoaná­lisis universitario, y luego la denuncia, que como almas bellas, profieren los psico­analistas académicos frente a los practicantes que no supervi­san, ni se analizan, ni estudian. Ley del corazón, locura del alma bella que no reconoce en el desorden del mundo la razón misma de su ser.
Los que postulan una unidad del cuerpo y la psiquis, a través de la maniobra de la psicosomática o somato­psíquica.
El ideal de la juventud eterna. Los milagros que los laboratorios medicinales ofrecen en capsulas. Las adicciones recetadas o no. Una lista, que podríamos continuar, donde vamos a reencontrarnos con la ilusión del Uno, del Todo del mercado.
Considero que este reinado del Uno genera un tipo de locura que es homologable a la figura hegeliana del deseo de goce sin refle­xión alguna, la más pobre de todas. Un narcisismo cínico compatible con el asesinato de las metáforas.
 Como analistas no podemos asumir la impostu­ra del Alma Bella frente a estos temas que no dejan de implicarnos ya desde la práctica clíni­ca, desde la docencia, desde la investigación, o sea desde los diferentes lugares donde tenemos una respon­sabili­dad como psicoanalistas.

Claudio R. Boyé
Invierno de 2009



[1] Lacan,J.La ética del psicoanálisis, Seminario 7, Paidós, Bs. As. Pág.: 15-16.
[2] Freud, S. : El malestar en la cultura. Ed. Amorrortu. TXXI.
[3] Freud, S. :En torno de una cosmovisión. Ed Amorrortu. T XXII.Pág.: 166
[4] Freud, S.: Más allá del principio del placer. Ed. Amorrortu, T XVIII, pág.: 42

INCONCIENTE Y VÍNCULO SOCIAL




INTRODUCCIÓN
¿Cómo se localiza el inconciente y su sujeto en el vínculo social?
Para articular la pregunta precedente, en las siguientes páginas, abordaré la parti­cula­ridad del lazo social. Para esto especificaré el malestar característico de nuestra civilización. Entonces se hace necesa­rio tipificarla. Si el psicoanálisis es una respues­ta a La ciencia corresponde, en consecuencia, tipificarla como civiliza­ción cientí­fica, estruc­tu­rada de acuerdo a la lógica del capital tal como la desen­trañó Marx
Las preguntas que insisten, en mí, desde hace ya tiempo, son aque­llas relacionadas con: el individualismo posmoderno -el nuevo “paradig­ma” autista-; la ruptura de los lazos de solidaridad; la emergencia de dife­rentes grupos que defienden su “identidad” frente a la globalización económica y la homogeneización de las sociedades; el surgimiento de todo tipo de particularismos que alcanzan una suerte de “fetichismo de lo particular”, sintética y precisa frase acuñada por E. Gruner; el resurgi­miento de nuevas formas de racismo (los inmigrantes) y de segregación; en definitiva el estallido del vínculo social. Estas situaciones considero que no se pueden pensar por fuera de una   forma de democracia que se presenta como el respeto mutuo entre “todas las opinio­nes”, de manera tal que nada deter­mina nada, nada diferencia nada, todo debe ser una cuestión de opinión, un trágico camba­lache acompañado de una ideología dominante: el humani­ta­rismo. Frente a estas situaciones me pregunto ¿cuál es la manera en que el psico­analista debe intervenir en las cuestiones de su comunidad, de su polis?
Para intentar alcanzar algún grado de racionalidad parto de ciertas premisas de dos discursos que considero fueron, y son, los más potentes que se hayan producido en el último siglo: el de Marx, en su versión no metafísica, es decir la de la crítica de la economía-política. El de Freud, después de la operación de lectura-escritura que Lacan realizara con su consigna del “retorno a Freud”.           
Marx es ineludible para pensar la cuestión del lazo social. Esto por el lugar (en la estructura) que, a partir de él, tiene el trabajo -como renuncia al goce- en el proceso de producción del capital y su acumula­ción. No es de menor importancia la función que le otorga a la mercancía y su “fetichización” como proceso subjetivante. Lacan también es inevitable para pensar esta temática. Su lectura de la plusvalía en relación al plus de goce; su tesis del síntoma en su envoltura social; su vuelta sobre “psicolo­gía de las masas”; sus tesis sobre La ciencia y respecto a que es el discurso el que forma el lazo social; su escritura del discurso capitalista, son objetos teóricos necesa­rios para reflexionar sobre los “gadgets” técnicos (mer­cancías) en su relación con el inconciente estructurado como un lenguaje. Por último consi­dero pertinente interrogar el tipo de lazo que se esta­blece dentro de la comunidad analítica.  El resto, si lo hay, será producto del trabajo de lectura y de discusión por parte de cada uno de ustedes.
           
DEL DISCURSO CAPITALISTA Y LA SUBJETIVIDAD
“...la crisis, no del discurso del amo, la del discurso capitalista que es el que lo sustituye, está abierta. No les digo en absoluto que el discurso capitalista sea débil, tonto, al contrario es algo locamente astuto ¿verdad?. Muy astuto, pero destinado a reventar, en fin es el discurso más astuto que se haya jamás tenido..”([1]). J.Lacan

Dice Zizek: “El estado “normal” del capitalismo es la “revolución permanente” de sus propias condiciones de existencia. Desde el principio el capitalismo se “pudre”, está marcado por una contradicción mutiladora, por la discor­dia. Por una necesidad inmanente de equilibrio: ésta es exactamente la razón de que cambie y se desarrolle incesantemente. Este es el único modo que tiene  llegar a un acuerdo con su propio y fundamental desequilibrio constituti­vo: la “contradic­ción”. Lejos de ser constricti­vo, su límite es el ímpetu mismo de su desarrollo. En ello reside la paradoja propia del capitalis­mo, su último recurso. El capitalismo es capaz de transformar su límite, su impotencia misma, en el orden de su poder -cuanto más se “pudre”, más se agrava su contradicción inmanente, más ha de revolucio­narse para sobrevi­vir. Discurso loco, astuto que no tiene envés.” ¿Qué tipo de lazo y subjetividad produce entonces este discurso? Si para Hegel la autoconciencia surgía como resultado de la confron­tación de dos sujetos (Amo-Esclavo), para Marx, en cambio, se trata del funcionamiento del mercado. Marx traslada el problema de la intersubjeti­vidad al merca­do. Una lectura atenta permite comprender que no hay un sujeto de la burguesía y un sujeto del proletariado, hay un solo sujeto que es el mercado. El proletariado y la burguesía son variables de una función: la estructura del mercado:
“Dos palabras para evitar posibles equívocos. No pinto de color de rosa, por cierto,las figuras del capitalista y del terrate­niente. Pero aquí sólo se trata de personas en la medida en que son la personificación de categorías económicas, portadores de determinadas relaciones e intere­ses de clase. Mi punto de vista, con arreglo al cual concibo como proceso de historia natural el desarrollo de la formación económico-social, menos que ningún otro podría responsabilizar al individuo por relaciones de las cuales él sigue siendo socialmente una criatura por más que subjeti­vamente pueda elevarse sobre las mismas.” (K.Marx, El Capital, T.I, Libro primero, Prólogo a la primera edición).
En consecuencia burgueses y proletarios están en posición de desconoci­miento en relación a la estructura (mercado).

PLUSVALOR Y PLUS DE GOCE

“El producto -propiedad del capitalista- es un valor de uso, hilado, botines, etc. Pero aunque los botines, por ejemplo, en cierto sentido constituyen la base del progreso social y nuestro capitalista sea un progresista a carta cabal, no fabrica los botines por sí mismos. En la producción de mercancías, el valor de uso no es, en general, la cosa que se ama por sí misma. Si aquí se producen valores de uso es únicamente porque son substrato material, portadores del valor de cambio, y en la medida en que lo son. Y para nuestro capitalista se trata de dos cosas diferentes. En primer lugar, el capitalista quiere producir un valor de uso que tenga valor de cambio, un artículo destinado a la venta, una mercancía. Y en segundo lugar quiere producir una mercancía cuyo valor sea mayor que la suma de los valores de las mercancías requeridas para su producción, de los medios de producción y de la fuerza de trabajo por los cuales el adelantó su dinero constante y sonante en el mercado. No sólo quiere producir un valor de uso, sino una mercancía; no sólo un valor de uso, sino un valor, y no sólo un valor, sino además plusvalor.”
A partir de aquí Marx personifica al capitalista lo hace hablar a través de la producción de hilado. Luego de varias reflexiones y cálculos el capitalista queda perplejo porque el valor del producto es igual al valor del capital adelantado. “Nuestro amigo, pese a su altanero espíritu de capitalista, adopta súbitamente la actitud modesta de su propio obrero. ¿Acaso no ha trabajado él mismo? ¿no ha efectuado el trabajo de vigilar, de dirigir al hilandero? ¿Este trabajo suyo no forma valor? Su propio capataz y su gerente se encogen de hombros. Pero entretanto el capitalis­ta, con sonrisa jovial, ha vuelto a adoptar su vieja fisonomía. Con toda esa letanía no ha hecho más que tomarnos el pelo. Todo el asunto le importa un comino. Deja esos subterfugios enclenques  y vacías patrañas, y otras creaciones por el estilo, a cargo de los profesores de economía política, a los que él mismo paga por ello. El es un hombre práctico, que si bien fuera del negocio no siempre considera a fondo lo que dice, sabe siempre lo que hace dentro de él. Nuestro capitalista había previsto este caso, que lo hace reír. El artilugio, finalmente, ha dado resultado. El dinero se ha transformado en capital.”[2]
A partir de esta risa del capitalista, Lacan comienza a establecer la relación de homología entre la plusvalía y el plus-goce, entre la Mehrwert y la Mehrlust. Es en esa risa que se revela “la función oscura de la plusvalía”.
La renuncia al goce en el discurso del inconciente se acompaña de una recuperación de goce, de una recuperación de un objeto pulsional al cual el sujeto queda fijado en el fantasma. Se renuncia a un goce mítico, total, para ajustarse a un goce parcial recuperado, lo que se denomina plus de goce. Este goce recuperado, tan propio del sujeto, tan exclusi­vo, encuentra en la estructura homológica de la plusvalía la razón de su entrada en el mercado, en el objeto técnico su equivalente universal.
Con respecto al mercado, Lacan no sólo ha mostrado la relación de la plusvalía con el plus de goce propio de la estructura del significante, sino que además ha situado a la plusvalía como la causa del deseo: la plusvalía es la causa de la producción extensiva y por consiguiente insaciable de objetos, Lacan lo dice así: “La plusvalía es la causa del deseo de la cual una economía hace su principio.” (Radiofonía, pág.58)[3].  

DISOLUCION DEL VINCULO SOCIAL

En 1975, en “La Tercera” Lacan decía: “Sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con que hacer lazo social, dicho con otro término, semblante.”             Entiendo esta cita como una evaluación de las consecuencias que depara la disolución del vínculo social. Sitúo esta disolución en la paulatina y creciente desaparición del trabajo y del lugar, o no lugar, que éste pasa a ocupar a partir de la homogeneización del mercado, y su globalización. Si el trabajo implica una renuncia al goce, y es el lugar tradicional por donde circulan las identificaciones que le dan consisten­cia al vínculo social, podemos entender por qué Lacan habla de individuo en la cita antes mencionada. Hace referencia a una particular relación entre el goce y la subjetividad que no pasa por el inconciente. Es el goce de lo Uno el que sostiene al individuo y no un discurso. Sabemos que allí donde no hay discurso aparece el grupo, y diferentes formas de gozar con su emblemati­zación en el mercado y el surgimiento de “nuevos” tipos grupales referi­dos al tatuaje, la marca, el nombre propio[4]. Entonces podemos decir que hay síntoma social donde no hay lazo social. Donde el síntoma, a través la oferta social, es desconectado de su desciframiento inconciente. En consecuencia el síntoma, en su envoltura social, prolife­ra en la medida que el goce que el mismo involucra aparece desabonado del discurso. Allí donde no hay inscripción en el Otro, la hay en el grupo. [5].
Estos planteos me llevan a una consatatación: Si el inconciente está presen­te en el lazo social lo está pero a la manera del rechazo, de la sutura. No es otra cosa lo que ofrece La ciencia con sus gadgets: objetos que se adecuan perfectamente a la estructura de la pulsión. Si hablamos de pulsión también lo hacemos de ciertos modos de satisfacción que se relacionan con la apertura y el cierre del inconcien­te tal como lo planteó Lacan en 1964. Estos momentos se vinculan con el amor de transfe­rencia, entonces es posible pensar en como funciona la oferta de los expertos, de los científicos, de aliviar el síntoma desconectándolo de su estructura.[6]. (No sería la primera vez que la barbarie retorne por el camino de la ciencia).
Ahora bien, constatar que el inconciente se localiza en el vínculo social a través de su rechazo no es una novedad. Es más es parte de su origen, se podría hacer una historia de los diferentes modos de rechazo de lo inconciente desde Descartes hasta el presente.
Lo que si es novedoso es constatar que la homología entre el plus de goce y la plusvalía; y entre la pulsión, el objeto del fantas­ma y el objeto técnico (mercancía) puedan llevar a una hipótesis que planteé como consecuencia un cierre del incon­ciente, la produción de una subjetividad desabonada del discurso, un individualismo casi autista que hace pensar en la primera y más pobre de las figuras hegelianas: la del goce inmedia­to sin reflexión alguna. Ahora bien esta hipótesis sostenida por algunos psicoanalistas dentro del campo lacaniano, y a la cual suscribo en parte, arroja algunas luces y algunas sombras. Este punto prefiero dejarlo aquí y si están de acuerdo profundizar su discusión en la próxima reunión.
Otro síntoma exhibido por nuestros conciudadanos del mundo no nos ha sorprendido ni espantado menos, quizá, que el hundimiento, que tan dolorosamente sentimos, de su elevación ética. Aludo a la falta de penetración que se advierte en las mejores cabezas, a su tozudez, su inaccesibilidad para los argumentos más evidentes y su credulidad acríti­ca hacía las aseveraciones más discutibles.”[7].
Estas palabras de Freud respecto de la actitud de los intelectuales durante la Primera Guerra, también las encontramos en una carta que le envía a Lou Andrea Salome donde hace referencia a sus soledad frente a este tema, a tal punto que “si no fuera por Ferenczi estaría tan solo como en los primeros diez años de mi labor analítica”. Si traigo esta cita es porque considero que la Primera Guerra formó parte necesaria de la expansión capitalista hacia una nueva forma: la del imperialismo. [8].
Hoy nos encontramos frente a una nueva forma que es conocida y “aceptada” como globalización[9]. Esta nueva forma de capitalismo multi­culturalista post-Nación-Estado es devastadora, podemos sin dificultad acompañar a Derrida y coincidir con su descripción de los efectos de éste. Afirma Derrida sin vueltas:
“jamás la violencia, la desigualdad, la exclusión, el hambre, han afectado a tantos seres humanos en la historia de la tierra”...”nunca en términos absolutos, nunca en la tierra tantos hombres, mujeres y niños han sido exterminados” [10].
Es obvio decir que la tan mentada “globalización” tiene, a mi enten­der, el mismo rango que la Gran Guerra, por lo que considero que pensar la cuestión del lazo social, aunque tan sólo fuera entre analistas, no se puede hacer por fuera del marco de la actual estructura capitalista.  Así como que las citas de  Marx, Heidegger, Freud y Lacan son las coordenadas necesarias para plantear  estas cuestiones[11].

Algunas preguntas

Considero que plantear estas cuestiones que hacen al lazo social son de crucial importancia sobretodo después de las últimas reuniones. Las problemáticas relacionadas al vínculo social no son ajenas al analistas. Sin embargo muchas veces parece que sí. Por ejemplo, Richard Rorty en un agudo ensayo sobre Freud, titulado “Freud y la reflexión moral”, llega a plantear que la división subjetiva teorizada por Freud tiene un alcance tal que no puede obviarse para fines cotidianos como si fuera cualquier redescripción del mundo. Agrega que el inconciente freudiano es ingenioso, lingüístico (no mecánico) y que demuestra en cada una de sus emergencias que el relato sobre nuestra propia vida no puede ser unificado. Así Rorty llega a la conclusión de que toda la reflexión freudiana es indispensable en el ámbito privado, pero respecto de lo social, de lo colectivo Freud no aportó absolutamente nada. Muchos analistas, aun sin haber leído a Rorty, parecen suscribir su posición. Ya sea porque piensen que “cualquier cosa que pasa por lo colectivo pasa también por lo universal, y por supuesto, lleva a lo peor”. Casi puedo decir que esta es una fórmula que podría colocarse en el frontispicio de muchos analistas conservadores. Otros, quizás, por ser fieles del caso por caso, se refugian en sus comunidades y gozan de la lengua con la que se habla de psicoanálisis sin dejarse interpelar por los impases de la civilización o por lo incómodo del drama social.
Entonces ¿dónde ubicar el cierre de lo inconciente? ¿en el estallido de los vínculos que la ciencia capitalista puede llegar a consumar? o ¿en la propia comunidad analítica devorada por el goce que supone hablar los unos con los otros?.
Claudio R. Boyé



    [1] Lacan,J. Conferencia en Milán, mayo de 1972, donde escribe el discurso capitalista: $    S2
                                                                                                                                                        S1    a    
    [2] Marx,K. "El Capital", T. I Libro 1º, parte 3º.

    [3] Ver "Radiofonía Y Televisión". Ed. Anagrama, Bs.As.1977
    [4] Aquí no dudo en colocar el nombre de LACAN como una marca de referencia y pertenencia grupal de ciertas "institu­ciones lacanianas". Todavía no he visto tatuado este nombre pero no dejo de albergar esperanzas.
    [5] Aquí vuelvo a encontrarme con el concepto de "locura" forjado por Lacan como la identificación al Ideal sin media­ción. Lo nuevo, a mi entender, es que ésta es posible por la homología estructural entre la plusvalía y el plus de goce, así como entre el objeto técnico, donde se consuma la metafí­si­ca, y el objeto petit a. Respecto del objeto técnico es Hei­degger quien plantea que la esencia de la técnica se dife­rencia de la historia de la metafísica en que en esta última la constante es el olvido del ser, o la pregunta por el ser, mientras que la técnica sería la consumación de la meta­físi­ca, donde ya no se trataría del olvido sino del olvido del olvido. Dicho de otra manera, por cierto aventurada, antes se trataba del olvido como represión mientras que ahora se trata del olvido como forclusión.
    [6] Hoy mientras escribía estas líneas leo en el diario la noticia, reproducida de la revista Science, que un grupo de investigado­res logró cultivar células humanas de embriones, cuando aún no están diferenciadas. Dentro de la misma nota el jefe del laboratorio de embrio­logía molecular de la Facultad de Medicina e investigador del Conicet dice:"Inmortales. Consiguieron líneas celulares inmortales".
    [7] Freud,S. "De guerra y de muerte", 1915. Amorrortu Ed.,T XIV.
    [8] Así como la Segunda que tampoco puede ser pensada por fuera de la necesidad capitalista de recrear sus condiciones de existencia
    [9] Dice Armand Mattelart: En inglés, el término es sinóni­mo de holistic. A diferencia de la palabra "mundialización" y de sus formas en las diversas lenguas latinas, que se limitan a la dimensión geográfica del proceso, se trata de un término que se refiere explícitamente a una filosofía holística, esto es, a la idea de una unidad totalizadora o unidad sistémica. La homogeneización de las sociedades es algo inherente a la unificación (globalización) del campo económico. Su fragmenta­ción constituye su corolario.
    [10] Derrida,J. "Espectros de Marx".
    [11] Tampoco es posible obviar autores contemporáneos como Fre­dric Jame­son, Slavoj Zizek, Terry Eagleton, Eduardo Gruner, Jorge Aleman, Ernesto Laclau, Alain Badiou, Horacio González, Raúl Cerdeiras entre otros.